SANTISIMO CRISTO DE LA EXPIRACION

Mi relación con esta hermandad comenzó de niña cuando acompañaba a mi familia a la ermita a rezarle al Cristo y a la Virgen. Recuerdo estar con mi padre en la puerta, toda llena de expectación y entusiasmo, para ver la salida de la cofradía el Viernes Santo.

Quien me iba a mí a decir en ese momento que más adelante uno de esos hombres vestido de negro seria mi marido. El me explico como la historia de su familia y la de esta imagen se entrelazaban en el tiempo desde hace generaciones.

Devoción, recuerdos de un antiguo milagro, pasión, fe, dolor y consuelo.

En un principio yo no entendía mucho de esta forma particular de vivir nuestra fe, pero poco a poco he ido aprendiendo, se me ha hecho más familiar y lo he sentido como algo propio.

Después he tenido la suerte y el privilegio de poder salir con la cofradía, acompañándoles en su recorrido por las calles de Jerez durante varios años; he hecho miles de fotos y he visto muchas cosas que me han conmovido; que me han emocionado.

Tanto es así que aunque estuve andando y correteando arriba y abajo con mi cámara (porque no quería perderme nada) durante casi doce horas, al final me asombre de no estar cansada y de no notar el dolor de pies que tenia...solo estaba entusiasmada, eufórica

Normalmente tengo la sensación de que si me fijo muy atentamente en las cosas normales y corriente como las flores, las personas o los paisajes, puedo llegar a entender porque me parecen casi mágicos.

Como si escondieran algo mas, justo detrás de lo que se percibe a primera vista.

Por eso los pinto una y otra vez.

Pero desde hace ya una década las imágenes del Viernes Santo se han ido convirtiendo también en oleos, acuarelas y dibujos que aparecen por las esquinas de mi estudio de cuando en cuando.

Yo se que es imposible pintar el calor, la emoción o el movimiento de los varales de la Virgen.

No se puede pintar el sonido de una saeta en la madruga.

Pero es todo tan hermoso que me hace feliz tan solo intentarlo.

Quiero darles las gracias a todos los hermanos y hermanas que consiguieron no aplastarme mientras que estaba en medio del revuelo de la salida. También a los que me dejaron asomarme debajo del paso a todos los que cuando les enfocaba con mi cámara no se molestaron y me hicieron el favor de no cambiar el gesto.

La vida es mucho más bonita si se vive con pasión. Gracias a mi marido y a su familia por compartir conmigo esta tradición.


Gracias a mi hijo pequeño, que con solo catorce años ha dedicado sus vacaciones a hacerme esta Web. Eres un cielo, cariño.